The Art of Derek Dohren

painting, writing, photography

blog

Los Locos de Sevilla

Posted by Derek John Dohren on July 3, 2016 at 1:10 PM

Scroll down for English



 

El tamaño no lo es todo. Excepto, tal vez cuando se trata de catedrales. El tamaño es más o menos de punto con ellos. Cuanto más grande y cavernosas que son los más pequeños y más insignificantes que hacen sentir. En el buen sentido, creo. Y Sevilla tiene un catedral extraordinario.


 

La ciudad cuenta con lo que se reconoce oficialmente como la catedral más grande del mundo. Un hecho tan marcadas que no requiere mayor embellecimiento. Sin embargo, mi propio deseo personal para visitar este lugar fue despedido mucho antes de saber de sus credenciales. Hace años, leí una cita atribuida a sus constructores del siglo 15, que decía así: "Vamos a crear un edificio tan que generaciones futuras nos que tomarán por locos." Oh, sí pensé, ese es el tipo de cosas que quiero ver.


 

Pues bien, hoy lo hice. ¿Y guau, estaban hombres locos?


 

Usted puede leer las estadísticas en otros lugares. Suenan un poco seco en blanco y negro. Es la experiencia de ser tragado que importa. Sé que hay argumentos sentidas contra la veneración de estos gigantes. ¿Cuántos trabajadores murieron en sus construcciones? ¿Cuánto dinero se vertió en los proyectos? ¿No debería la adoración de un Dios cristiano ser un poco más centrado en, ya sabes, la gente? No discuto ninguna de esas objeciones. Los he expresé mi mismo a diferentes grados muchas veces a lo largo de los años.


 

Pero juro que esos locos de la Edad Media estaban en lo cierto. Hay pocos otros lugares en nuestras ciudades donde se puede entrar de las calles y sentir un sentido tan inmediata de asombro paradójico. Es como si de repente se recordó a su lugar en el cosmos. En todas partes y en ninguna. En un universo infinito en el que todo está expandiendo lejos de todo lo demás puede ser lógicamente argumentado que cada uno de nosotros es el centro de toda experiencia. Y sin embargo, también es cierto que lo que conocemos como el universo es simplemente una creación interna, algo meramente trazado en el cerebro de los planos entregados por nuestros cinco sentidos. Catedrales dan la misma mezcla desconcertante de elevarse majestad y vacuidad de trituración.


 

No estoy hablando de religión. Estoy hablando de alma.


 

Al final del día son sólo edificios. ¿Se justifican los sufrimientos indudables de los que los construyeron? Todas esas vidas destruidas. Todas esas familias rotas. Es la colocación de un par de losas de piedra vale la vida de una persona? ¿Cómo podemos cuadrar la muerte de un hombre contra la vida de dos, o cien, o mil otros? No lo sé.


 

Realmente no lo sé.


 

Dichas cuestiones son demasiado difícil para mí responder. Así que voy a seguir para visitar catedrales si todo es lo mismo. Recomiendo la de Sevilla. Construido por locos a ciencia cierta.


 




The Lunatics of Seville


Size isn’t everything. Except, perhaps when it comes to cathedrals. Size is kind of the point with them. The bigger and more cavernous they are the smaller and more insignificant they make you feel. In a good way I think. And Seville has a doozy.


 

The city boasts what is officially recognized as the largest cathedral in the world. A fact so stark it requires no further embellishment. However, my own personal desire to visit this place was fired long before I knew of its record busting credentials. Years ago I read a quote attributed to its 15th century builders which ran thus, “Let us create such a building future generations will take us for lunatics.” Oh yeah I thought, that’s the kind of thing I wanna see.


 

Well, today I did. And boy were those guys lunatics.


 

You can read the stats elsewhere. They sound a bit dry in black and white. It’s the experience of being swallowed by it that matters. I know there are deeply felt arguments against the veneration of these behemoths. How many workers were killed in these constructions? How much money was poured into the projects? Shouldn’t the worship of a Christian God be a little more focused on, you know, people? I don’t dispute any of those objections. I’ve voiced them myself to different degrees many times over the years.


 

But I swear those Middle-Age lunatics were onto something. There are few other places in our cities where you can walk in from the streets and feel such an immediate sense of paradoxical awe. It’s like suddenly being reminded of your place in the cosmos. Everywhere and nowhere. In an infinite universe in which everything is expanding away from everything else it can be logically argued that each one of us is the very center of all experience. And yet it also holds true that what we think of as the universe is simply an internal creation, something merely mapped out in our brains from the blueprints handed over by our five senses. Cathedrals give the same perplexing mix of soaring majesty and crushing nothingness.


 

I’m not talking about religion. I’m talking about soul.


 

I have visited several cathedrals on this trip and the cocktail of near impossible architecture and heavy religious symbolism always works its magic. Sure, it’s an illusory, nebulous thing, a kind of virtual reality, but it provokes introspection each time and for me that is of real value.


 

At the end of the day they are just buildings. Do they justify the undoubted sufferings of those who constructed them? All those destroyed lives. All those broken families. Is the laying of a few stone slabs worth the life of a person? How can we ever square off the death of one man against the life of two, or a hundred, or a thousand others? I don’t know.


 

I really don’t.

 


Categories: Summer 2016